Editorial

¡Gestionemos la incompetencia!, porque… nadie es perfecto

JOSE ANTONIO CARAZO MURIEL
Capital Humano, N.º 251, Febrero 2011, Editorial WOLTERS KLUWER ESPAÑA

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En 1959 Billy Wilder dirigió la película "Some Like it Hot", que es España se exhibió con el título de "Con faldas y a lo loco". El largometraje se ha convertido en un clásico de la comedia por la magistral dirección, la interpretación de Tony Curtis y Jack Lemmon (acompañantes de lujo de Marilyn Monroe) y un brillante guión escrito por el propio Wilder en colaboración con I.A.L. Diamond. Pese a ser candidata a 6 estatuillas (incluidas Mejor Director, Mejor Actor y Mejor Guión Adaptado), sólo obtuvo una, la de Mejor Vestuario.

El argumento es bien conocido. Dos músicos se hacen pasar por mujeres para esquivar la persecución de la mafia. Quizá la escena más conocida de la película sea el minuto final en el que Jerry (Jack Lemmon), después de poner todas las excusas que se le ocurren para rechazar la proposición de matrimonio que le hace Osgood (Pat O'Brien), recurre a un argumento a la desesperada: "Soy un hombre". Sin perder su sonrisa, Osgood le vuelve a rebatir: "Bueno, nadie es perfecto".

Quizá el ejemplo sea algo exagerado, pero es cierto: nadie es perfecto. Así lo ve Gabriel Ginebra, profesor de la Universitat Abat Oliba CEU, en su libro "Gestión de incompetentes" (Libros de Cabecera, 2010), recientemente publicado. Según un estudio de Otto Walter el 40 por ciento de los empleados no aguanta a su jefe/a y el 30 por ciento piense que es incompetente. Para Ginebra, la conclusión es evidente: "Todos somos incompetentes"; pero tiene arreglo: " porque todos somos mejorables, siempre estamos aprendiendo". Su visión de la gestión de personas, heredera del modelo de Gestión de lo Imperfecto del profesor Fernández Aguado, es radical pero optimista. Parte del reconocimiento de la incompetencia (propia y ajena), para pasar a diagnosticarla (puede ser leve o grave) y someterla a tratamiento.

El libro es denso y está trabajado. No es de esos que se cuecen en una noche, se escriben en una semana y se leen en un retraso del avión. Ni todos los jefes son jóvenes, esbeltos, guapos, listos y saben inglés, ni la mayoría de los empleados responden al perfil que se pide en los anuncios. Es lo que hay. Por eso la tesis de Ginebra esconde una paradoja: hay que gestionar la incompetencia porque es más numerosa que la competencia y porque, al cabo, la competencia apenas hay que gestionarla. Evidente.

Gabriel Ginebra propone la siguiente ecuación: el talento directivo es igual al talento que se tiene dividido por el que se cree que se tiene. Resultado: los que están encantados de haberse conocido demuestran que tienen menos talento. Solución: la humildad, una competencia directiva esencial, especialmente en cuanto a la gestión de personas. No podemos estar más de acuerdo.

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